25 años de Moby Dick, diecinueve para mi

22 de julio de 1998. Entrada a 1500 pesetas, concierto y consumición. Fuimos en metro, ninguno tenía aún carnet. Éramos la gente de Fuencarral, del colegio, de toda la vida. Y desde ese día, una puerta que se abrió la primera de centenares de veces posteriores. La sala de la ballena en la entrada, esa que parecía el puente de mando del Calypso de Cousteau, nos daba la bienvenida a un mundo acogedor, y cargado de buena música y buen sonido. Aquél día vimos a The Posies, justo antes de que empezasen a separarse y reunirse cada poco. Siempre recordaré a Ken Strigfellow con la actitud punk que le llevó a grabar poco antes el Doble Plaidinum a la guitarra y la producción en Lagwagon, de quienes precisamente llevaba unos pantalones cortos aquella noche, con el pelo teñido de rosa y sin parar de escupir y saltar interpretando los temas de sus célebres Frosting on The Beater, Amazing Disgrace, y el que presentaban ese día, el Success, para mi el último disco que merece la pena de la formación de Seattle.

Así empezó mi idilio con Moby Dick (y con The Posies / Ken Stringfellow). La experiencia fue memorable, como lo han sido decenas de ocasiones allí. Me vienen a la memoria grandes noches con protagonistas como Alkaline Trio, Death Cab For Cutie, Aina, A Room With a View, White Flag, Logh, The Appleseed Cast, Explosions in The Sky, Engine Down, Starmarket, This aint Vegas con Nothink, The Evens, o ese mágico acústico que se marcaron Jon Auer y Ken Stringfellow repasando la discografía de The Posies y haciendo una extensa ronda de peticiones y versiones en el año 2000. Por aquella yo aún no hacía fotos en conciertos, por lo que solo lo tengo documentado en la cabeza.

Moby Dick siempre ha sido un oasis en la zona más al norte de Madrid. Por aquí no hay nada, o casi nada, en donde disfrutar de música en directo. Pero más allá de la ventaja (para mi) de la localización, hay algo que hace a Moby Dick una sala única en nuestra ciudad: el cuidado por la música. En esta sala han trabajado un montón de buena gente, amigos y conocidos que, a parte de ser grandes trabajadores, son apasionados de la música, incluso músicos, como Ainara LeGardon, Arianne (DobleCapa), Mae (Peluze), Eli (Onion, Decapante), la reciente incorporación de Laura (Garaje Jack) y, si no me equivoco, Manoli de Terrier. Buen sonido (gracias a Paco), respeto por el personal a la música que está interpretándose, encargados de producción muy cualificados (hoy es Mar Rojo la que representa esa tradición)… además, es fácil aparcar la furgo de las bandas que vienen a tocar en la misma puerta! Personalmente, comprobé el buen trato de la gente de Moby Dick en un par de conciertos que organicé como fueron French Toast (Dischord Records) y Red Sparowes (Neurot / Sargent House).

Por todo esto, y por muchas otras cosas, solo me queda felicitarles por estos 25 años y desearles otros tantos más de buena música y buena gente. Rematamos con unas fotillos desde la nostalgia, desde que empecé con una cámara compacta allá por 2004 hasta el último concierto, de nuevo rodeado de buena gente, en el que disfrutamos de monocero y doblecapa hace tan solo unos días

 

Larga vida a Moby Dick Club y a la maravillosa gente que trabaja allí para hacer que salgan los conciertos adelante!

 

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